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Ruta nº93 – Refugio de Bachimaña

PEQUEGUARA SE VA A BACHIMAÑA

Sábado 16 y domingo 17 de septiembre de 2023

No hay en el paisaje elemento que no tenga nombre, incluso en varias lenguas a la vez. En nuestras montañas cada valle, pueblo, río y cima tienen su topónimo.  También existen parajes que por su especial singularidad se han ganado un nombre en la cartografía. Nombres que anuncian la manera de acometerlos como El Paso del Gato en La Munia y El Paso de Caballo en la cima del Vallibierna. Nombres descriptivos de la orografía del terreno, el Embudo en el Balcón de Pineta y el Paso Horizontal en Telera. Nombres dramáticos como la Escupidera de Monte Perdido. Nombres de pirineístas, la Vira Beraldi en el Balaitus. Y hasta nombres religiosos como el Paso de Mahoma en el Aneto.  Pasajes que ponen en guardia a aquellos que se acercan, a muchos si, pero no a todos.

Si durante la abundante cena servida en el refugio de Bachimaña, alguien hubiera preguntado a los más peques de Peña Guara sobre sus opiniones y sensaciones después de haber subido la famosa Cuesta del Fraile, la respuesta habría sido otra pregunta, ¿qué cuesta?, ya que ni se enteraron. La ascendieron con un ritmo pausado sin prisa, pero sin pausa y mantenido hasta arriba de la Cuesta sin darse cuenta, acelerando más aún el paso conforme en el horizonte de rocas iba amaneciendo el tejado del refugio. Ritmo que los pataslargas manteníamos respirando en silencio con toda la dignidad del mundo.

Pero no adelantemos el relato, vamos al principio.

La excursión número 93 de la Pequeguara llegaba la mañana del sábado al aparcamiento del refugio de la Casa de Piedra en el Balneario de Panticosa, un cartel indica que el refugio donde vamos está a 3,5 kms y dos horas de caminata. La meteo pinta ventosa e insegura, paramos a poner o quitar ropa, paramos a ver otra bonita cascada del precioso río Caldarés, paramos a comer algo, paramos a beber, paramos a comer un poco más en serio, paramos a tirar piedras al río y finalmente paramos para reagruparnos, hidratarnos y enfrentarnos a los temidos 250 metros de desnivel de la famosa Cuesta Del Fraile y que nos separa de nuestro objetivo. El compacto grupo inicial se va estirando, las conversaciones sobre temas pequeserios se mantienen mientras se camina, se empieza a ver el refugio por delante y perdemos de vista el grupo de pataslargas por detrás. Tras cruzar la presa del ibón inferior el grupo de peques se va corriendo al refugio para mayor humillación de los pataslargas pues este último tramo es además en subida. Han pasado cuatro horas desde que comenzamos a caminar.

Comemos nuevamente y nos vamos de paseo hasta casi el final del ibón superior de Bachimaña para contemplar su paisaje y para hacer hora hasta el momento de la cena. Cena que se baja y digiere a base de hacer carreras con las linternas por los exteriores del refugio antes de dormir.

Mañana del domingo. 

Suena la alarma de un despertador que por el volumen posiblemente oyen también en Respomuso, desayunamos mientras llueve fuera, pero el refugiero Alberto Sánchez nos ofrece una fantástica visita guiada al edificio y sus estancias. Parece que para de llover y nos ponemos en marcha, pero el viento y las nubes amenazan, cambiamos el plan inicial de pasar por el ibón de Coanga y por unas intrépidas viras vamos directamente al barranco que baja del ibón de Labaza. Es en este punto desde donde vemos allá abajo las zetas que conforman el trazado de la Cuesta del Fraile, la opinión es unánime, ¿por allí subimos ayer? Una nueva senda más marcada nos lleva por preciosos parajes al poco visitado ibón de Lumiacha, los tresmiles del Balneario nos vigilan mientras juegan al escondite con las nubes. A la orilla del ibón una familia de 8 sarrios nos observa despreocupada. Si el día de antes vimos a mucha gente hoy no nos cruzamos con nadie, si ayer hicimos muchas paradas hoy no, si ayer la senda era clara y definida hoy no, vamos perdiendo suavemente altura sobre los edificios del Balneario que tenemos a nuestros pies y al que llegamos por la senda de Brazato secos, felices, contentos y con hambre los 16 componentes en la salida de septiembre de la Pequeguara después de otras cuatro horas de marcha.

Marcos Bielsa Ordás