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Vignemale

Croquis Vignemale Croquis Vignemale 2

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PICO A PICO

20 y 21 de julio de 2013

VIGNEMALE 3.298 mts

 

VIGNEMALE, UNA MONTAÑA CARGADA DE HISTORIA

 

Las fuertes lluvias e inundaciones que tanto afectaron al valle de Benasque y al de Arán, también hicieron grandes destrozos en la vertiente francesa de los Pirineos y el río se llevó parte de la carretera de Cauterets que quedó prácticamente incomunicada. Eso nos obligó a cambiar de planes en el Pico a Pico e improvisar una ascensión al Balaitous cuando estaba previsto subir al Vignemale, y a recomponer toda la programación.

El macizo del Vignemale se alza majestuoso al noroeste del valle de Bujaruelo llenando el espacio entre el complejo de cumbres graníticas de la cabecera del Gállego; Argualas, Infiernos, Balaitous, y el otro gran complejo de cumbres calcáreas de Monte Perdido. Sin duda el Vignemale es un grupo de cumbres atractivas por su belleza pero, sobre todo, porque son montañas cargadas de historia. Allí se escribieron algunas de las más brillantes historias de la conquista del Pirineo. Su cumbre cautivó al conde Henry Russel, que después de recorrer medio mundo y ascender a numerosas montañas pirenaicas, eligió de entre todas al Vignemale como lugar de aislamiento y reposo haciendo horadar numerosas cuevas cerca de la cumbre donde pasaba largas temporadas y donde, según se cuenta,  recibía con champagne servido en copas de cristal a sus amigos, estamos hablando de finales del siglo XIX.

Al pie de las vertiginosas paredes que defienden esta fortaleza por la vertiente de Les Oulettes de Gaube, paredes de caliza gris famosas por la mala calidad de la roca, agoniza uno de los complejos glaciares más espectaculares del Pirineo, el glaciar de Gaube. Estas paredes también fueron testigos de intrépidas hazañas como la escalada del Couloir de Gube que en ¡¡1.889!! sin apenas medios técnicos, encabezó el irrepetible Celestín Passet y que no se volvió a repetir hasta casi cuarenta años después. O la no menos espectacular escalada de la cara norte de la Pique Longue, de casi 800 metros de altura, que superaron Henry Barrio y Rober Belloc en 1.933 y que en la actualidad es una codiciada escalada clásica. Y podría seguir citando las cinco vías que abrieron los Hermanos Ravier y muchas más…. Tal vez sea por todo esto que cada vez que subo por el lago de Gaube, desde Pont d’Espagne, y estas paredes aparecen como un espectacular decorado al fondo del valle, no puedo evitar quedarme fascinado y me vuelven a la memoria tantos momentos vividos con viejos amigos en estas montañas que he tenido la suerte de escalar en numerosas ocasiones.

Y con toda esta carga emocional vamos agrupados los veintitrés del Pico a Pico flanqueando la orilla del lago de Gaube mientras las nubes de evolución diurna se van agrupando presagiando una nueva tormenta.

Aunque el valle de les Oulettes de Gaube se hace un poco largo, el desnivel no es mucho y tardamos dos horas escasas en llegar al refugio. Finalmente las nubes se han puesto de acuerdo y nos cae un pequeño chaparrón cuando ya estamos a cubierto.

El domingo madrugamos en previsión de una larga jornada y comenzamos a caminar todavía de noche. El camino que seguimos está bien marcado, es el camino que lleva al refugio de Baysellance, a más de 2.600 metros de altitud., paso obligado para acceder al glaciar de Ossoue, en la actualidad el glaciar pirenaico con más extensión de hielo aunque, como todos, en plena decadencia.

Vamos subiendo lentamente (se nota que llevamos otro guía y se agradece el paso ncansino) por los zig-zag que hacen más llevadera la fuerte pendiente hacia el collado del Petit Vignemale y podemos disfrutar de un amanecer que tiñe de rojo las paredes de la cara norte del Vignemale. La vista es sencillamente sobrecogedora a pesar de que la cascada de seracs del Petit Vignemale ya no es lo que era y que el Couloir de Gaube tan solo es una escombrera apenas surcada por las últimas manchas de nieve. De pronto el estruendo de un derrumbe en el glaciar nos hace volver las cabezas. Un gran bloque de hielo ha caído por las rocas que ya afloran en medio del glaciar, es como si el viejo y moribundo glaciar de Le Oulettes rugiera intentando recuperar su dignidad. No puedo evitar un sentimiento de lástima por él.

Aunque el año es de mucha nieve, hasta el refugio sólo atravesamos algunos neveros, pero a partir de Baysellance entramos de nuevo en la nieve que ya no abandonaremos hasta regresar.

La pendiente es siempre suave y fácil, sin peligros aparentes, y poco a poco van apareciendo las cumbres que conforman este circo glaciar, el Montferrat, Cerbillona, la cumbre del Clot de la Hunt, la Pique Longue, la más alta y el destino de nuestra excursión, el Pitón Carré, la Chausenque y el Petit Vignemale.

Cuando llegamos a pocos metros de la cumbre, somos conscientes del brusco cambio climático que estamos viviendo,  la regresión del glaciar ha hecho que lo que antiguamente era una corta trepada, ahora sea una larga escalada para llegar a la cima. Nos colocamos los cascos porque hay más gente por arriba y es inevitable que caigan piedras, y sin demasiados problemas trepamos hasta lo más alto de la Pique Longue. Desde arriba, como siempre, la vista es impresionante y contemplamos algunas cumbres que hemos escalado recientemente, el Collarada, los Infiernos y el Balaitous, así como los cercanos macizos de Monte Perdido, Neouvielle, La Munia, ….

A la vuelta, algunos todavía nos quedan ganas de subir a la aguda cumbre del Pitón Carré y sin más demora emprendemos el largo regreso que otra vez se verá amenizado por la correspondiente tormenta de cada tarde.

Cuando llegamos a los coches en Pont D’Espagne, nos hemos mojado (algunos hasta se han estozolado) y hasta nos hemos secado. Hemos tardado once horas desde que salimos del refugio de Les Oulettes y todavía nos quedan más de tres horas de conducir hasta llegar a casa. Pero el Vignemale ha valido la pena y todos nos quedamos con ganas de volver a esta montaña tan cercana y que tan lejos nos queda.

 

Lorenzo Ortas